Diario de viaje: Primeras horas en Tokio y algunas curiosidades

¡Buenas a todos!

Después de nuestra odisea para llegar a Japón, ya empezamos a disfrutar de este gran país. Las primeras horas han sido bastante complicadas, ya que tuvimos que lidiar con el jet lag y sobretodo con el cansancio acumulado de nuestro viaje frenético. Nada más llegar visitamos el Meiji Jingu, el santuario sintoísta más importante de la ciudad. Igual que muchos otros monumentos con los cuales nos hemos cruzado (Capitolio, Fontana di Trevi…), también estaba con andamios. Sin embargo, el entorno era fantástico igual.

Japón nos está sorprendiendo bastante. Es cierto que todavía no habíamos observado un choque entre culturas tan grandes. Los japoneses son muy metódicos y ordenados. Eso provoca que, pese a las enormes dimensiones de la ciudad (14 veces Barcelona), pasear por su metro y por sus calles no sea un problema. Bueno, menos cuando cruzas el paso de cebra de Shibuya. Eso es una auténtica locura. Aunque el semáforo esté rojo y no se avecine ni un coche a menos de 2 kilómetros, los japoneses no van a cruzar nunca.

Los semáforos te indican cuánto tiempo te queda para cruzar

También sorprende que la mayoría de ellos no hablan inglés, aunque se preocupan por comprenderte. Además, si vas a un supermercado a comprar o a cualquier otro establecimiento, aunque les hables en inglés ellos te contestan en japonés. Y además no te dicen lo mínimo, sino que te explican muchos detalles pensando que les entiendes. Es muy curioso.

Además, por primera vez en muchísimas ciudades en las que hemos estado, en Tokio nadie nos para por la calle a vendernos nada. Aquí si no eres japonés juegas en otra liga. No les interesas. La verdad, es que vas mucho más tranquilo. No es como en el Barrio Latino de París que todos los camareros se pelean para que comas en su restaurante, o en Petaling Street en Kuala Lumpur para que compres sus imitaciones. Aquí pasan de ti, aunque la verdad es que tratan muy bien al turista.

En las estaciones de metro, comisarías, etc. tienen mapas impresos en blanco y negro de la zona y cuando les preguntas te marcan el recorrido. Ya están preparados para ello, aunque muchos no hablen japonés. Son muy agradables y serviciales.

También hemos empezado a ver con nuestros propios ojos muchas cosas que siempre habíamos oído. Por ejemplo, los Kit Kat de té verde, los famosos retretes y la pasión de los japoneses por ellos e incluso robots en muchos establecimientos. Japón es otro mundo y parece que estés en un cómic. Todos los carteles y avisos están basados en graciosas ilustraciones muy divertidas. ¡Incluso hay señales que son incomprensibles!

El paraíso del Kit Kat. ¡Una locura escoger el mejor!

Los japoneses están completamente locos por los retretes. La mayoría de ellos tienen calefactor, les salen chorros de agua y muchísimas más funciones. ¡Parecen robots! Además tienen una adicción a las tecnologías. Si en Barcelona ya alucinamos con la gente que está pegada todo el día al teléfono, los japoneses todavía lo están más.

¡Incluso el metro está dedicado a los dibujos animados!

La ciudad es una auténtica locura. No te la acabas ni viviendo allí toda la vida. Nosotros pensábamos que en Estados Unidos era todo a lo grande hasta que hemos pisado Tokio. Las distancias son enormes, e incluso a nosotros que nos encanta caminar, nos parece inabastable.

Estamos ansiosos por ver el hanami (floración del cerezo). En Tokio todavía quedan unas semanas para que suceda, pero cuando nos movamos hacia el sur seguramente ya lo podamos disfrutar. En fin, ya os iremos contando como nos va nuestra aventura por este país.

¡Un abrazo!

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